¿Para qué
educar para la convivencia pacífica escolar?
Con motivo de la designación del año 2000
como Año Internacional de la Cultura de Paz, un grupo de Premios Nobel
de la Paz esbozó una Agenda para una Cultura de Paz conocida como el Manifiesto
2000. Puntualizo a continuación sus principios centrales, porque sientan
las pautas centrales para educar en la convivencia pacífica: (a) respetar la
dignidad de todas las vidas, sin discriminación ni prejuicio; (b) rechazar la
violencia en todas sus formas y manifestaciones, practicando la no violencia
activa; (c) liberar la generosidad, a fin de terminar con la exclusión, la
injusticia y la opresión; (d) escuchar para comprenderse - desde la diversidad
- privilegiando el diálogo; (e) preservar el planeta, mediante un consumo
responsable y un crecimiento sostenible; y, (f) reinventar la solidaridad
humana en todas sus dimensiones, incluyendo la creación de nuevas formas de
compartir los principios democráticos.
Cobijados bajo el movimiento-visión "Hacia
una Cultura de Paz", la UNESCO ha destacado el enorme poder ético de
la sociedad civil en la promoción de una paz que abarque las esferas de la
educación, la cultura, la ciencia, la tecnología y la comunicación, y con
claridad y precisión ha definido sus alcances…
Edificar una cultura de paz significa
modificar las actitudes, las creencias y los comportamientos - desde las
situaciones de la vida cotidiana hasta las negociaciones de alto nivel entre
países - de modo que nuestra respuesta natural a los conflictos sea no violenta
y que nuestras reacciones instintivas se orienten hacia la negociación y el razonamiento,
y no hacia la agresión
Desde la Cátedra UNESCO de Educación para la
Paz, proponemos los siguientes principios y pautas para propiciar una
convivencia escolar menos violenta.
Abordar y confrontar nuestra trágica fascinación
y adicción por la violencia. El culto a la
intensidad expresiva de la fuerza ha dado margen para que idolatremos la
cultura de la violencia en sus variadas formas y manifestaciones y a que se
haya desencadenado una espiral de violencias y contraviolencias sin
precedente.
Construir culturas de paz desde una “paz
integral” y “en positivo”. Nuestro accionar nos
requiere, no sólo abordar una “paz negativa” caracterizada por ausencia
de guerra y conflicto, si no construir una paz con justicia y equidad
estructural, de manera que podamos vivir la paz como meta dinámica y proceso
creativo cotidiano.
Educar para la “paz conflictual”. Como el
conflicto es inherente a la paz, tenemos que asumir ambos, no como opuestos, si
no complementarios. No podemos enmarcar los conflictos en un esquema polarizado
de una batalla entre "enemigos", sino en una problemática a resolver
mediante la mediación, el consenso y la reconciliación.
Trasformar toda entidad formativa en “fuerza
de paz”. Nuestra tarea prioritaria es ser promotores
de una cultura de paz construida sobre la base de un desarrollo humano
sostenible e inspirada en la justicia, la equidad, la libertad, la democracia y
el respeto pleno de los derechos humanos. Dicha tarea nos requiere convertir la
universidad, la escuela y toda entidad formativa en espacio de diálogo sobre
los problemas más insolubles de nuestro tiempo.
Asumir nuevos paradigmas de investigación,
educación y acción. Es necesario armonizar estas tres
vertientes en una misma agenda: construir una cultura de reducida violencia y
elevada justicia, desde una perspectiva ética que exige poner la palabra en la
acción y una transición hacia una investigación de pertinencia social y un
currículo constructivista e interdisciplinario donde aprendamos a compartir, a
convivir y a vivir.
Educar en valores éticos. En última
instancia, será necesario asumir el aula como espacio deliberativo para la
formación ética y propiciar la clarificación de valores, el juicio moral
autónomo, la resolución de conflictos y una autoestima saludable en los
aprendices. Lo que implica, que tendremos que desplazar la pedagogía
autoritaria por una pedagogía de la pregunta, del cuestionamiento, del disenso
y del consenso.
Educar desde una visión de “equidad
intergeneracional. La noción de "equidad
intergeneracional" plantea la búsqueda de un nuevo tipo de justicia -
la equidad entre gene-raciones entrantes y gene-raciones salientes. Nos exige
ubicar la juventud, la niñez y las nuevas generaciones en un lugar prioritario
en toda iniciativa social y nos compromete a explícitamente edificar, a partir
de un nuevo modo de pensar y sentir, un mundo menos violento y más saludable
para nuestros descendientes.
La noción ha sido propuesta por UNICEF como “la
nueva ética para el nuevo milenio”, con la esperanza de que el llamado
“progreso” de las naciones recupere su verdadero significado. Esta
"nueva ética", es cónsona con el Decenio Internacional de
una Cultura de Paz y Noviolencia para la Niñez de la ONU y con el llamado
del Consejo Mundial de Iglesias en este Decenio para Superar la Violencia
(2001-2010). Les exhorto pues, a que hagamos nuestra esta nueva ética intergeneracional
como punto clave en nuestros esfuerzos conjuntos para construir culturas
escolares de convivencia pacífica, enmarcando nuestras iniciativas en la sabia
advertencia que nos dejara el gran educador brasileño Pablo Freire:
La Educación para la Paz no debe ser una
educación para volver a la gente más pacífica, sino para volverla capaz de
examinar la estructura económica y social, en cuanto estructura violenta.
Por último, recuerden que el poder de las
imágenes es innegable. Con intuición e imaginación, creamos a través de ellas
nuestra percepción de la realidad y del ser humano mismo. De ellas se
desprenden valores y actitudes que plasmamos en nuestros sistemas normativos y
personales. Les invito pues, a imaginar a todas y todos nuestros estudiantes como
“gente capaz de brillar en un futuro” y a brindarles las herramientas y
el espacio necesarios para que alcancen su “brillo” único y especial.


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